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Me pregunto por qué Manuel le puso a este hermoso trabajo el nombre de “Daguerrotipos”. El título, en cualquier caso, me subyuga por sus múltiples resonancias. Siempre he querido ver en los daguerrotipos un territorio intermedio entre la pintura y la fotografía o, más aun, entre la poética rebeldía de las sombras y la supuesta exactitud de los espejos: las sombras que operan sugiriendo antes que reproduciendo con supuesta fidelidad; las sombras que no nos devuelven esa ilusión de realismo que propugnan los espejos.

Nada como las metáforas de las sombras y de los daguerrotipos para la música de Manuel. Como sombras, las miniaturas que integran este CD (miniaturas por momentos impresionistas) tienen un firme contacto con lo real (con la tierra, con el suelo) pero no se limitan a una mera reproducción de formas tradicionales, sino que infringen barreras y, a partir de contornos reconocibles, se internan en zonas reacias a toda predefinición. Como los daguerrotipos, estas piezas de engañosa naturalidad son, sin duda alguna, fruto de una prolongadísima exposición.

Al observar un antiguo daguerrotipo, la sensación ¿no es a la vez de extrañeza y familiaridad, de precisión y misterio? Un efecto de luz o un claroscuro bastan para que el paisaje más habitual se vuelva no necesariamente ignoto, pero sí lo bastante irreconocible. Toda distorsión obliga a percibir los enigmas olvidados en las cosas. Los verdaderos artistas, como Manuel, poseen un don comparable: ese modo suyo y sólo suyo de iluminar el mundo (de hacer de él un daguerrotipo sin par) nos conmueve, nos incita al descubrimiento.

Eduardo Berti

Buenos Aires, febrero de 2006 (A propósito de la edición del CD Daguerrotipos)


Nace libre...
Preludio de forma
que el tiempo requiere para hacerse vida.
Delgada cuerda
que, en puente de mundo y hermano
se templa
y vibra.

Intenso, o esquivo, crea el latido.
Apuntes de historia
despejando sombras.

No hay arduo camino
si danzan sobre el mástil
pasos definidos.

Es secreto abrigo el sentido
y color
la dirección esencia que reclama
al sueño
presencia.

No hay palabras en la boca
... sólo memoria.

Huellas que labran un rumbo adentro
desde el arma del recuerdo.

¿La sensibilidad?
Búsqueda y puerto.
Érase una vez, entre seis...
Érase una vez: Manuel.

Ana Jenaro (Concertista y profesora de guitarra en el conservatorio Teresa Berganza, Madrid)

Junio de 2005, a propósito de la edición del libro Manuel Álvarez, Obras para guitarra vol. I